Amar es hacerse vulnerable. Ama cualquier cosa y tu
corazón acabará arrugado y probablemente, roto. Si quieres asegurarte de que se
mantenga intacto, entonces no se lo des a nadie, ni siquiera a un animal.
Envuélvelo cuidadosamente con hobbies y pequeños caprichos, evita cualquier
enredo. Mantenlo a salvo en su caja o en el ataúd de tu egoísmo. Pero en esa
caja, segura, oscura, sin emociones, sin aire no cambiará. No se romperá, se
mantendrá intacto, impenetrable, irredimible. Porque amar, en definitiva, es
ser vulnerable.