Cuando la conocí, no hubo algo que me dijera que era ella. No vi ningún brillo rodeándole, la habitación no se iluminó, ni siquiera me hizo sentir nervioso o enamorado. Entró a la habitación, siendo solo una chica más. Y ella, ni siquiera sonrió, ella no es de ese tipo, te tienes que ganar sus sonrisas. Es egoísta incluso en ello, no las regala a menos que las merezcas y le sonrías primero. Ella complica las cosas. Ella es la persona más especial y lo sabe. El problema es que no todos lo saben porque a simple vista es alguien común. Pero entonces vino lo inesperado; ella miró cuando el resto no lo hizo. Ella me miró como nadie sabía hacerlo.